martes, 26 de abril de 2011

Tenía que besarla


Tenía que besarla, tenía que hacerlo o mis labios se hubieran convertido en hielo. Recuerdo que discutimos, recuerdo que temí dolorosamente haberla perdido. Los rayos de los magos tenebrosos viajaron de un lado a otro, sin orden, sin dirección ni consideraciones. Vi un hechizo cruzar el escampado y dar contra Hermione de lleno en el pecho. Mandé todo al carajo, hasta mi propia seguridad, e impulsivamente salí de mi refugio. Corrí hacia ella para asistirla, para saberla bien. Los metros que nos separaban se convirtieron en extensos continentes y los consumí como un loco. Escuché a Ojoloco llamarme a voz en cuello pero no le obedecí, ni siquiera vacilé. Sorteando obstáculos que sólo eran manchas borrosas en mi camino, llegué hasta donde estaba tendida mi mejor amiga. La tomé de su cintura para levantarla con fuerza y apartarla rápidamente del fuego cruzado. Una vez ocultos tras unos gruesos árboles y cubiertos por la espesa penumbra de la noche, Hermione recuperó un poco su estabilidad y me empujó, molesta y violenta.

-¿¡Por qué te expones así, Harry!?- me gritó con lágrimas en los ojos.- ¡Eres nuestra única esperanza para que todo esto termine! ¡Eres el más importante de todos! ¡Debiste dejarme allí! ¡Protegerte tú!

-¿¡Cómo puedes decirme eso!?- le espeté, temblando de pies a cabeza.- ¡La única importante aquí eres tú! ¡No soy nada si no estás conmigo!- Hermione renegó enérgicamente mi afirmación y volvió a empujarme. Nos quedamos mirando por terribles segundos sin decirnos nada, desafiándonos en silencio. El miedo que sentía en mi corazón la vi muy bien reflejada en sus ojos ambarinos. Ella apretaba sus dientes, rumiando de impotencia y dolor. El golpe del hechizo la dejó débil, maltrecha. Aclaró su garganta para responderme.

-No quiero ser la razón de que todo nuestro esfuerzo por cuidarte se vaya al carajo… - ante sus palabras tragué saliva sintiéndome un maldita moneda de oro. Fue ahí donde la urgencia por besarla me volvió imprudente, ansioso. Su entrega y sacrificio me golpearon el pecho, todo lo que creía resuelto se enredó como bola de estambre. Resté la distancia entre nosotros y la asalté con un beso que me desordenó las ideas. Ella, sorprendida, tardó en reaccionar hasta que me dejó conocerla bajo el abrigo de esa caricia tan íntima, tan trascendental entre dos amigos. La batalla de hechizos que se tranzaba a unos cuántos metros de nosotros no nos importó. No quería abandonar sus labios. Saber que la tenía entre mis brazos me reactivó la seguridad y me creí invencible. Al separarnos ella sollozó y yo acuné su rostro entre mis manos.

-¿No te das cuenta que no hay nadie que me cuide como tú?- le hice entender y Hermione por fin me regaló una sonrisa al escucharme. Con eso me esclavizó el alma para siempre. Dándonos un último beso como apoyo y estímulo, volvimos a empuñar nuestras varitas para luchar juntos, hombro con hombro, tal como siempre lo habíamos hecho.

2 comentarios:

  1. plas, plas, plas


    Como siempre, magnifico, Andro¡¡¡¡¡

    P.D.: Otro pa la coleccion XDDDDDDDDDDD

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  2. LO ame!!!!!!!!!

    debería imprimirlo y pegarlo en una de las paginas del libro borrar el epilogo y seré feliz jajaja...
    digo cosas sin sentido..
    pero como siempre maravilloso!! me hiso suspirar y estoy emocionada jajaja...

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